Cada vez me costaba más lidiar y esconder mi enfermedad, y usar un bastón fue la proeza más difícil de todas. No quería usarlo porque se asocia con enfermedad y pena.
Alrededor de los 24 años, mi agudeza visual comenzó a disminuir drásticamente y caminar incluso durante el día se convirtió en un gran desafío para mí. En aquel entonces, una novia me sugirió usar un bastón como ayuda para la movilidad, pero me resistí. Fue por la carga emocional que conllevaba, de sentirte inferior a los demás por no poder ver. Finalmente, comencé a usarlo y aunque me brindó mucha independencia, también provocó miradas y juicios de los demás que de alguna manera, afecta. La apariencia de una persona usando un bastón para caminar porque no puede ver, hace que se levanten prejuicios muy grandes muchas veces.
