Caminar por la calle es una aventura diaria. Tengo que confiar en mis otros sentidos para guiarme: escucho el tráfico, percibo los olores distintivos de las tiendas escucho el tipo de local que es, ya sea de comid, una peluquería, un supermercado, ete. El bastón es un aliado crucial, proporcionándome información adicional sobre el terreno y los obstáculos.
He enfrentado muchos desafíos a lo largo de mi vida. Otro de los desafíos constantes con los que me encuentro es la tarea de vivir solo y mantener mi hogar limpio. En ocasiones, parece como si tuviera que redoblar esfuerzos para mantener todo en su lugar. Este esfuerzo adicional se hace evidente en situaciones simples pero frustrantes, como cuando al barrer con el recogedor, involuntariamente lo dejo caer, causando que la basura que recién he recogido se disperse de nuevo por el suelo. Aunque estos incidentes no suceden con frecuencia, son circunstancias inevitables en mi día a día. Otro inconveniente que suelo encontrar es la localización de lugares específicos en la calle. Dado que tengo dificultades visuales, no siempre sé dónde se encuentra cierto lugar, lo que añade un grado más de complejidad a mi rutina diaria. Otro de los obstáculos más difíciles ha sido el de relacionarme con otras personas en situaciones sociales como las discotecas o eventos. Debido a que mi visión es limitada, es muy difícil para mí ver a las personas en lugares oscuros y notar si alguien me está prestando atención o no. También es complicado interpretar las señales visuales que las personas suelen utilizar para interactuar con sus posibles parejas.
A pesar de todo, he aprendido a no dejar que esto me detenga y he encontrado formas creativas de interactuar con los demás en situaciones sociales
A pesar de todo, aprendí a disponer más de mis otros sentidos y a estar más alerta de mi entorno, es decir, a estar más consciente. Aprendí a vivir con las miradas de compasión y admiración de los demás, y a enfrentar los desafíos que se presentaban. Sin embargo, no cambiaría nada. Esta enfermedad me ha quitado mucho, pero también me ha dado mucho. Me ha enseñado a apreciar el mundo de una manera completamente nueva, a vivir y a amar de una forma distinta. A pesar de la pérdida de la visión, Me conecté con el mundo de maneras que nunca antes había experimentado. Comencé a apreciar los sonidos, los olores y las texturas de una manera que nunca antes había hecho.
