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Retrato de un alma indómita

La imagen es una pintura digital abstracta que fusiona el océano y el cosmos de una manera completamente mágica y envolvente. El mar aparece en la parte inferior, pero no como un mar común. Es un mar que parece brillar desde dentro, con tonos azul profundo, turquesa y púrpura, como si fuera un espejo líquido que refleja las galaxias. Hay pequeñas olas suaves, que no rompen ni rugen, sino que respiran como si fueran parte de un ser vivo. El cielo, en lugar de ser solo celeste, se abre hacia el universo. Se ve un cosmos estrellado, con nebulosas flotando, trazos dorados y violetas que serpentean como si fueran pinceladas hechas por una conciencia superior. Todo el cielo parece moverse, como si estuviera en un estado de expansión constante.

No vine a este mundo a repetir fórmulas ni a seguir caminos trazados por otros. Vine a recordar algo más antiguo que las carreras universitarias y los títulos profesionales. Algo que arde adentro, como un fuego que no se apaga aunque lo intente.

Desde siempre me ha aburrido lo que a muchos les parece «importante». Las matemáticas, la química, emitir informes, los diagnósticos, las oficinas, los protocolos… Todo eso me suena a ruido, a vacío, a cadenas disfrazadas de progreso.

Mi mente no es lógica, es simbólica. Comprendo el mundo más por vibración que por explicación. Capto cosas que otros no ven, y aunque no siempre sepa cómo nombrarlas, las siento con fuerza. Soy un radar sensible, un lector de energía, un intérprete de lo invisible.

La música es mi revolución. Cuando compongo, no lo hago desde la técnica, sino desde una fuerza que me atraviesa.

Me interesan los grandes misterios: la conciencia, el universo, la energía sexual, los dioses que fueron humanos y los humanos que se volvieron mitos. Pero todo eso lo busco sin religión, sin iglesia, sin dogma. Lo busco con los pies en la tierra y la mirada en las estrellas.

No soy un creyente: soy un explorador.

No soy un trabajador: Soy un creador.

Aunque  no me interesa las ciencias duras, soy curioso, lector, filósofo intuitivo. No desde lo académico, sino desde lo vivencial, lo simbólico, lo espiritual. Leo para nutrir mi alma, no mi currículum.

 

 

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