¿Por qué estamos aquí?
Esa es una de las preguntas más antiguas de la humanidad. Y, aunque hay muchas respuestas posibles, hay una que resuena cada vez más en el camino de la conciencia: el ser humano está aquí para trascender su parte animal y llegar a su espiritualidad.
Somos transición.
No somos completamente bestia, ni completamente consciencia . Estamos justo en medio: somos un puente. Una mezcla de instinto y conciencia, de deseo y propósito, de carne y alma.
La meta del ser humano no es simplemente sobrevivir, ni acumular placer, ni responder impulsos básicos. La verdadera meta —si la tomamos— es trascender.
Cada persona elige.
O te quedas en el nivel de la reactividad, del ego, del deseo crudo y sin dirección…
O decides elevar tu conciencia y refinar tu forma de estar en el mundo.
Un ejemplo sencillo, pero revelador:
A alguien le preguntaron alguna vez: “¿Por qué te enamoraste de ella?”
Y la respuesta fue: “Porque tiene buen culo.”
¿Está mal que te guste el cuerpo de tu pareja? No. El problema no es el deseo. El problema es quedarte solo ahí. Esa respuesta refleja un estado mental primitivo, casi mecánico, que responde desde lo animal. Es una conciencia rústica, dormida.
La sexualidad también puede ser un camino.
Puedes vivirla como un acto repetitivo, vacío y superficial…
O puedes trascenderla, convirtiéndola de lo animal en una experiencia de conexión real, donde cuerpo, emoción, energía y alma se unen en un solo fuego consciente.
Cada acto humano puede ser bestial o espiritual.
Comer, hablar, amar, caminar… todo puede vivirse desde lo instintivo o desde lo consciente.
Por eso estamos aquí: para elegir, para aprender a despojarnos poco a poco de lo animal que nos arrastra hacia abajo, y elevarnos hacia lo divino.
